Seguramente, nunca imaginaron aquellos muchachos, reunidos en la Panadería de Roselli, en 18 de Julio y Libertad, la trascendencia y perdurabilidad en el tiempo del club que estaban fundando aquel 16 de mayo de 1911. Lo que ellos querían era estar presentes en aquel deporte recién iniciado y competir con los dos clubes que ya existían entonces, Atlántico y Carmelo, desaparecidos al poco tiempo.
Los hermanos Roselli, Domínguez, Fernández, Giménez, Ferreira, Brito, Guerra, Robledo, Martres, cumplieron entonces con la doble función de jugadores y dirigentes. Cuenta la historia que el primer equipo lo compró en Buenos Aires el “Vasco” Antonio Roselli: camisas y zapatos Mc Gregor; pero también decían los fundadores que, para irse remediando, cada uno consiguió una camisa blanca a la que le atravesaron, o incluso prendieron con alfileres, una banda de color verde que luego iría alternándose, siempre con la base de esos colores, con otra de rayado vertical.
De ninguna manera voy a pretender esbozar una historia de Uruguayo F.C.; no me creo capacitado para ello. Pero por haber compartido una parte de la vida de la institución, a lo que agrego lecturas y relatos de hechos anteriores, me permito acercar estos recuerdos de sucesos y gente que formaron parte de la trayectoria del club.
Poco conozco del Uruguayo actual, solamente referencias, o lo que leo en EL ECO, ya que hace muchos años que vivo en Montevideo, pero hay nombres y hechos que permanecen a través del tiempo y a ellos quiero referirme, sabiendo de antemano que me olvidaré de otros ya que la memoria no puede dar para tanto.
Mi vinculación con Uruguayo data desde la niñez. Mi padre fue, desde que llegó a Carmelo, simpatizante primero y dirigente después, del Club Solís. Yo tenía seis o siete años cuando empezó a llevarme a la cancha, obviamente, cuando jugaba su club. Solidario con él, por supuesto, y con el amarillo y negro de la camiseta que ya me tiraba por otro lado, yo me alegraba cuando ganaba y hasta gritaba los goles. Pero un día, al poco tiempo nomás, Solís se enfrentó con Uruguayo (al que yo no conocía) y los gritos de su hinchada me sirvieron como presentación de nombres que también ignoraba: “Guagüita”, Hipólito, “Panadero”, Harildo, Rolando…. No recuerdo el resultado del partido, pero sí me acuerdo que desde esa tarde supe que aquél era el cuadro que me gustaba. No se lo dije a mi viejo por temor a que no me llevara más al fútbol, pero él se dio cuenta al poco tiempo y -con su sonrisa buena- lo aceptó sin problemas.
Unos años después y siendo igual muy joven, empecé a concurrir a la sede y me acerqué más aún cuando la Liga desafilió al club, hecho que consideré totalmente injusto, y comencé a colaborar de distintas maneras, incluso como boletero cuando jugaba en la cancha de Colonia Estrella con clubes amigos de otras localidades. Por suerte, OFI desestimó la desafiliación y en poco tiempo las cosas se normalizaron y la albiverde estuvo de nuevo en el Parque Artigas.
Era la época en que en Carmelo eras de Uruguayo o “contra” de Uruguayo. Tuve el honor de integrar, en tres oportunidades, la Directiva. De ellas, la que más recuerdo fue la primera, a principios de los ´60, cuando recibimos una institución que tocaba fondo en varios aspectos. El año anterior, pese al esfuerzo de “Bombita” Acevedo y otros que dejaban el alma en la cancha, seguramente marcando un hecho histórico, habíamos estado peleando el descenso con Solís. Con Juan Bulfo y un grupo de compañeros dispuestos a trabajar duro, nos pusimos el club al hombro; pudimos sacarlo a flote y, en poco tiempo, ubicarlo en lo más alto de la tabla, que era el lugar que le correspondía. Contamos sí -y hay que decirlo- con la colaboración invalorable de Don Juan Carlos Vinçon (un ombuénse que se puso nuestros colores y gestionó la llegada de nuevos jugadores que le cambiaron la cara al equipo). Y así vinieron Solari, Locher, Valvez, Cornú, los hermanos Simone, Zunino, Espinosa, Pérez, Long, Cayrús, etc., quienes alternando con valores locales como Cabrera, Sosa, Cabral, Saravia y otros y la mano maestra del inolvidable Salim, nos dieron una época de repetidas satisfacciones.
Decía anteriormente que hay nombres que, a mi criterio, deben destacarse a lo largo del tiempo. Y el primero que viene a mi memoria es el de Don Alberto Cantón, un verdadero filántropo que le brindó a Uruguayo, porque estaba en sus manos y en su corazón hacerlo, un campo de ocho hectáreas y medias, en forma totalmente desinteresada, para su parque de deportes. Cómo no recordar a Américo Fernández, el primer capitán, designado por asamblea, y uno de los más completos jugadores de su época, según se lo oí decir a compañeros y adversarios. O a Salim Attún, jugador destacado primero y DT después, asociado a las grandes conquistas; o a César Araújo, dirigente y delegado ejemplar. Lalane, Noaín, Irurueta, Jaén, D´Aquila, Sabalsagaray, Bottinelli, Gutiérrez, son apellidos que, entre muchos más, acuden a mi memoria, como aquellos jugadores del primer equipo que vi jugar, entre los que recuerdo a Leguísamo, Pisciottano, Banchero, Alexio, Cassalino, Gregorio, Boné y Borges (Juan Antonio), que al ver mi juvenil entusiasmo por los colores, me regaló una camiseta de Uruguayo.
Es que una trayectoria de 100 años, nada menos, ha necesitado del aporte de mucha gente, en todos los órdenes, dispuesta a poner empeño, voluntad y tiempo para el engrandecimiento de una entidad que siempre estuvo ocupando un lugar de privilegio, tanto en lo deportivo como en lo social.
Y hay muchos nombres más, que otros podrán aportar y se complementarán con los que me he atrevido a mencionar en estas líneas, sabiendo, como decía antes, que siempre se incurre en olvidos. Porque Uruguayo es precisamente eso, historia y realidad. Historia que no puede reflejarse en palabras ni en páginas, porque se necesitaría mucho espacio para fijar episodios y hombres que transitaron por este siglo de existencia. Desde aquel 16 de mayo en que aquellos muchachos tuvieron la feliz idea de dar vida al club albiverde, hasta llegar a esta realidad de hoy, que ubica a quienes están al frente de los destinos de la institución en una trascendente etapa de su desarrollo social y deportivo.
¡Salud Uruguayo! Y que sea por muchos años más.
